sábado, 9 de mayo de 2020

AQUELLA CALLE LA SAL


Algunas calles del centro conservan muchas pistas de los años gloriosos del comercio tradicional, esos carteles con los nombres de los negocios más florecientes de la época, pero lamentablemente quedan como huellas mudas de lo que fueron y ya no son. 
Bajo sus carteles, locales con las persianas hasta el suelo y escaparates vacíos o tapiados, son carteles olvidados que apelan a la nostalgia de los pacenses que superamos ya los cuarenta.
La calle Arias Montano, antigua calle La Sal, fue una de las arterias de mayor pujanza comercial del Casco Antiguo hasta los años 80, como así lo atestiguan los carteles de sus viejos negocios. 
Le llamaban la calle del oro por la afluencia que tenía, pues venían clientes de toda la provincia. 
Tiendas de ropa, tejidos, menaje, librerías, ferreterías o relojerías, esta calle estaba viva, el bullicio de clientela era permanente, pero el tiempo le robó su protagonismo.


Hoy es un páramo de locales cerrados, llenos de polvo y con escaparates amarillentos, entre los que destaca su único superviviente, el estudio de arquitectura de José Espejo.


En esta calle, que conecta San Juan con la Plaza de la Soledad, quedan los carteles del Colegio Merino, que cerró sus puertas en el año 2004, tras 133 años formando a generaciones de pacenses. 


Pero también quedan los carteles de la relojería y joyería Orient, de la tapicería San Juan, la azulejería de la floristería Azagala o de la tienda de tejidos y confecciones Valentín, anunciado en un toldo que ha perdido el color y sobre el que ha crecido hasta musgo. 


Más arriba, queda la huella de lo que en su día fue la mercería Juan Pedro, que abrió sus puertas en 1929 y llegó a tener hasta nueve empleados, ahí en su local se acumula la basura y aún pervive el cartel anunciador de la feria taurina de San Juan del año 2000, en la que compartieron tarde Curro Romero, Joselito y José Tomás. 


También sobrevive el local del que fue "El Corte Inglés" de los 70 y los 80 en Badajoz, "Peysan Nuevas Galerías", y en sus escaparates, que parecen vidrios ahumados de tanto polvo, lucen todavía los carteles de su prenda estrella, aquellos vaqueros de la marca Levis.

A esta calle el tiempo le robó su protagonismo, pero no es la única.

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