El Bazar de París fue uno de los establecimientos comerciales más emblemáticos y lujosos de la historia de Badajoz. Abrió sus puertas inicialmente de la mano de Ambrosio Pérez en el número 25 de la calle San Juan y, en agosto de 1915 se trasladó a la esquina de la Plaza de España con la calle Vicente Barrantes, local donde antes había estado la Relojería Franco-Suiza.
Para este nuevo emplazamiento, Ambrosio Pérez no escatimó en gastos y encargó un diseño exterior que se convirtió en el orgullo monumental de la ciudad, encargó una espectacular fachada de nogal tallado de estilo neorenacentista. Dicho diseño contaba con seis grandes escaparates orientados a la calle y tres hornacinas decorativas. Su decoración artística corrió a cargo del decorador y pintor vallisoletano Andrés Gerbolés.
Los escaparates eran el gran secreto de su dueño Ambrosio, el cual los cambiaba con frecuencia y los preparaba con llamativos reclamos visuales. Se convirtieron en un punto de reunión obligado para los pacenses, quienes acudían en masa simplemente a contemplar las novedades expuestas.
Concibió el bazar como una propuesta comercial "barroca y deslumbrante", inspirada directamente en las galerías y elegantes establecimientos de París. Su objetivo era traer a Badajoz el lujo, la moda y la variedad de objetos que triunfaban en las capitales europeas, desde porcelanas finas y cristalerías hasta artículos de regalo y novedades exclusivas.
Con el paso del tiempo y los cambios en los hábitos de consumo, el formato del gran bazar tradicional fue perdiendo fuerza. Tras su cierre, el local pasó por diferentes dueños y usos comerciales que transformaron por completo su fisonomía. Durante estas sucesivas reformas de mediados y finales del siglo XX (una época con nula sensibilidad por la protección del patrimonio histórico comercial), la bellísima estructura exterior de madera tallada de Gerbolés fue completamente desmantelada y destruida.
Aunque el edificio original se conserva estructuralmente, su espectacular fachada de principios del siglo XX sufrió profundas reformas y remodelaciones arquitectónicas a lo largo de las décadas que la dejaron completamente irreconocible frente a su diseño clásico original.
Debido a su reforma, aunque las columnas interiores y la estructura del edificio siguen en pie, su cara exterior se sustituyó por una fachada moderna y diáfana, para dar albergue en el local, a la Cafetería El Águila, el Banco de Comercio, posteriormente el Forum Filatélico y más tarde al Grupo Albatros.
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