sábado, 3 de octubre de 2026

BAZAR DE PARIS

 


El Bazar de París fue uno de los establecimientos comerciales más emblemáticos y lujosos de la historia de Badajoz. Abrió sus puertas inicialmente de la mano de Ambrosio Pérez en el número 25 de la calle San Juan y, en agosto de 1915 se trasladó a la esquina de la Plaza de España con la calle Vicente Barrantes, local donde antes había estado la Relojería Franco-Suiza. 
Para este nuevo emplazamiento, Ambrosio Pérez no escatimó en gastos y encargó un diseño exterior que se convirtió en el orgullo monumental de la ciudad, encargó una espectacular fachada de nogal tallado de estilo neorenacentista. Dicho diseño contaba con seis grandes escaparates orientados a la calle y tres hornacinas decorativas. Su decoración artística corrió a cargo del decorador y pintor vallisoletano Andrés Gerbolés. 
Los escaparates eran el gran secreto de su dueño Ambrosio, el cual los cambiaba con frecuencia y los preparaba con llamativos reclamos visuales. Se convirtieron en un punto de reunión obligado para los pacenses, quienes acudían en masa simplemente a contemplar las novedades expuestas. 
Concibió el bazar como una propuesta comercial "barroca y deslumbrante", inspirada directamente en las galerías y elegantes establecimientos de París. Su objetivo era traer a Badajoz el lujo, la moda y la variedad de objetos que triunfaban en las capitales europeas, desde porcelanas finas y cristalerías hasta artículos de regalo y novedades exclusivas. 
Con el paso del tiempo y los cambios en los hábitos de consumo, el formato del gran bazar tradicional fue perdiendo fuerza. Tras su cierre, el local pasó por diferentes dueños y usos comerciales que transformaron por completo su fisonomía. Durante estas sucesivas reformas de mediados y finales del siglo XX (una época con nula sensibilidad por la protección del patrimonio histórico comercial), la bellísima estructura exterior de madera tallada de Gerbolés fue completamente desmantelada y destruida. 
Aunque el edificio original se conserva estructuralmente, su espectacular fachada de principios del siglo XX sufrió profundas reformas y remodelaciones arquitectónicas a lo largo de las décadas que la dejaron completamente irreconocible frente a su diseño clásico original. 
Debido a su reforma, aunque las columnas interiores y la estructura del edificio siguen en pie, su cara exterior se sustituyó por una fachada moderna y diáfana, para dar albergue en el local, a la Cafetería El Águila, el Banco de Comercio, posteriormente el Forum Filatélico y más tarde al Grupo Albatros. 
ooooooooooooooooooooo

LOS ULTRAMARINOS JIMÉNEZ

 

Los Ultramarinos Jiménez fue un negocio familiar emblemático de Badajoz, activo durante gran parte del siglo XX, especialmente recordado por su actividad en las décadas de 1960 y 1970. Funcionaban como tiendas de alimentación de barrio de toda la vida donde se despachaban productos tradicionales al corte, legumbres y artículos de consumo diario, e incluso se obsequiaba a los clientes o niños con degustaciones. Destacaron por su cercanía y la calidad de sus embutidos y productos típicos de la región. 
Aunque hoy en día ya no se encuentran abiertos, en la memoria colectiva de los pacenses destaca su presencia en varios puntos clave del casco antiguo, tales como: 
El que estuvo en la calle José Lanot (San Agustín), fue uno de sus ubicaciones más célebres durante los años 60, era ultramarinos y fruteria, el cual era atendido por Braulio 
Luis Jiménez, Manolo, Mari Carmen y Pili.  
El que estuvo en la calle Bravo Murillo, fue otro de los locales clave del negocio familiar. Era atendido por  Urbano Jiménez y Florentino. 
   
El que estuvo en la esquina de  las calles Vasco Núñez con la calle Menacho. Este local es recordado como un hito importantísimo en la ciudad, ya que para muchos pacenses supuso el primer supermercado en formato de autoservicio que se abrió en Badajoz. Era atendido por Tomás Jiménez y Loly Trabajo, junto a otros compañeros. 
El recuerdo de los ultramarinos de la Familia Jiménez permanece vivo hoy en día en nuestra ciudad de Badajoz, donde los vecinos los recuerdan con un poco de nostalgia, por su trato cercano, cariñoso y amable, eran aquellas tiendas donde entonces comprabas sus productos "fiados" para abonarlos a primero de mes.